Se necesitan padres corajudos

 

Y con urgencia, si esta palabra le suena extraña debe ser por que ya casi no se utiliza, no al menos en el lenguaje diario.

 

¿Por qué decimos que hace falta padres corajudos? Porque hay mucho temor en las decisiones que se toman para educar a los hijos. Como diría la psicólogo chilena Pilar Sordo, pasamos de tener miedo a los padres para tenerle miedo a los hijos. Y estos miedos no necesariamente son del mismo tipo, pero como miedo al fin, nos debilitan.

 

Para explicar mejor la idea les contaré una historia real de dos padres que estaban organizando la fiesta de 15 años a su hija. Como toda adolescente preocupada por ser aceptada en su grupo tenía dentro de sus peticiones la importancia de que se sirviera licor durante la fiesta; no quería que se confundiera con una fiesta de niños, donde obviamente solo sirven refrescos.

 

El temor era valido pues aunque ella conocía las normas en su casa, no podía imponérselas a sus amigos adolescentes, muy preocupados por demostrar que son adultos y fuertes.

 

El riesgo se incrementaba a medida que se acercaba la fecha para entregar las invitaciones, y aunque era una fiesta organizada con todos los detalles de un gran fiestón, pues tendrían abundante comida, diversión garantizada, buen gusto y formalidad en los detalles, no ofrecerían licor.

 

Obviamente la petición casi ruego de la niña a sus padres era que ofrecieran bebidas que a los chicos les motivara a asistir, sus padres muy CORAJUDOS se cerraron ante esa petición y finalmente llegó el día de la fiesta.

 

La hermosa fiesta de 15 años sin alcohol duró hasta el amanecer con desayuno incluido, sobraron las actividades, los bailes, la supervisión respetuosa y al final nadie se acordó que no pudieron ingerir licor.

 

Obviamente detrás de la convicción de los padres por lo que hacían, debió aparecer más de una vez el temor y la duda de tener una fiesta con pocos invitados, pero la claridad en los mensajes de su educación obligaban a la coherencia y aunque había riesgo de tener una fiesta desierta y perder una cantidad de recursos invertidos, el liderazgo de los padres estaba claro y debía mantenerse.

 

Finalmente los padres recibieron los elogios por la fiesta y también por ser unos padres corajudos dispuestos a ser empáticos con su hija, pero firmes en su mensaje de que diversión no es sinónimo de licor.

 

Por cierto tengo algo más que agregar, semanas después una compañerita de clase también cumplía sus 15 años y sus padres le organizaron una fiesta con bebidas y todo los necesario para una gran celebración. Lamentablemente la fiesta culminó temprano debido a que algunos jóvenes invitados no se midieron en la ingesta de alcohol y fue necesario pedir ayuda para separar a los muchachos que se peleaban por alguna razón. A estos padres muy comprometidos y deseosos de complacer a su hija, les hizo falta ser corajudos para poner los límites y hacer que prevaleciera el sentido común.

 

No es fácil mantenerse firme en épocas donde se confunde tener una relación cordial y respetuosa con querer quedar bien y ser a

Se necesitan padres corajudos

 

Y con urgencia, si esta palabra le suena extraña debe ser por que ya casi no se utiliza, no al menos en el lenguaje diario.

 

¿Por qué decimos que hace falta padres corajudos? Porque hay mucho temor en las decisiones que se toman para educar a los hijos. Como diría la psicólogo chilena Pilar Sordo, pasamos de tener miedo a los padres para tenerle miedo a los hijos. Y estos miedos no necesariamente son del mismo tipo, pero como miedo al fin, nos debilitan.

 

Para explicar mejor la idea les contaré una historia real de dos padres que estaban organizando la fiesta de 15 años a su hija. Como toda adolescente preocupada por ser aceptada en su grupo tenía dentro de sus peticiones la importancia de que se sirviera licor durante la fiesta; no quería que se confundiera con una fiesta de niños, donde obviamente solo sirven refrescos.

 

El temor era valido pues aunque ella conocía las normas en su casa, no podía imponérselas a sus amigos adolescentes, muy preocupados por demostrar que son adultos y fuertes.

 

El riesgo se incrementaba a medida que se acercaba la fecha para entregar las invitaciones, y aunque era una fiesta organizada con todos los detalles de un gran fiestón, pues tendrían abundante comida, diversión garantizada, buen gusto y formalidad en los detalles, no ofrecerían licor.

 

Obviamente la petición casi ruego de la niña a sus padres era que ofrecieran bebidas que a los chicos les motivara a asistir, sus padres muy CORAJUDOS se cerraron ante esa petición y finalmente llegó el día de la fiesta.

 

La hermosa fiesta de 15 años sin alcohol duró hasta el amanecer con desayuno incluido, sobraron las actividades, los bailes, la supervisión respetuosa y al final nadie se acordó que no pudieron ingerir licor.

 

Obviamente detrás de la convicción de los padres por lo que hacían, debió aparecer más de una vez el temor y la duda de tener una fiesta con pocos invitados, pero la claridad en los mensajes de su educación obligaban a la coherencia y aunque había riesgo de tener una fiesta desierta y perder una cantidad de recursos invertidos, el liderazgo de los padres estaba claro y debía mantenerse.

 

Finalmente los padres recibieron los elogios por la fiesta y también por ser unos padres corajudos dispuestos a ser empáticos con su hija, pero firmes en su mensaje de que diversión no es sinónimo de licor.

 

Por cierto tengo algo más que agregar, semanas después una compañerita de clase también cumplía sus 15 años y sus padres le organizaron una fiesta con bebidas y todo los necesario para una gran celebración. Lamentablemente la fiesta culminó temprano debido a que algunos jóvenes invitados no se midieron en la ingesta de alcohol y fue necesario pedir ayuda para separar a los muchachos que se peleaban por alguna razón. A estos padres muy comprometidos y deseosos de complacer a su hija, les hizo falta ser corajudos para poner los límites y hacer que prevaleciera el sentido común.

 

No es fácil mantenerse firme en épocas donde se confunde tener una relación cordial y respetuosa con querer quedar bien y ser amigo de los hijos.

 

Por eso invito a los padres a ser corajudos, que no es más que valentía para educar a los hijos.

 

 

 

 

Se necesitan padres corajudos.